EL miércoles 19 de junio se llevó a cabo, en el salón principal de nuestra Institución, la segunda parte del coloquio “Clericalismo y abusos sexuales” en el que se hizo un análisis de esta problemática haciendo énfasis en sus las causas y sus consecuencias.

José Luis López, quien inició la sesión, se refirió al clericalismo como una de las causas principales que viabiliza estos abusos. Siendo que tiene las características de una ideología, el clericalismo se sostiene y se mantiene como modo espontáneo de relación al interior de las instituciones eclesiales.

Mencionó que el papa Francisco expresa que decir no a los abusos es decir no al clericalismo. Al ser un abuso de poder contiene a las otras formas de abuso, incluido el abuso sexual. Salta entonces, explicó, la necesidad de una revisión de las estructuras y relaciones al interior de la Iglesia. No es totalmente factible identificar a los religiosos abusadores por características psicológicas del individuo, por lo que se debe ir más allá de lo psicológico, explicó.

Una idea que favorece esta situación es que “los sacerdotes son la Iglesia” por lo que se cree que cuidar a los sacerdotes es cuidar de la Iglesia. Las cosmovisiones jerárquicas también son parte del problema, ya que sostienen la idea de que existen personas superiores o, en este caso, más espirituales.

El padre Daniel Mercado continuó con la reflexión. Inició diciendo que, si no se hace algo serio para detener los abusos sexuales, estos continuarán como heridas abiertas en el cuerpo de Cristo. Es un problema de abuso de poder, de deseo de tener a alguien completamente sometido.

El Padre explicó que mostrar a una menor pornografía, obligarlo a sostener poses eróticas y otros comportamientos de carácter sexual que no impliquen contacto físico, también son abuso sexual. A nivel nacional se calcula que aproximadamente el 23% de menores sufren algún tipo de abuso sexual.

Se refirió también a las secuelas que dejan estos abusos, que desencadenan en depresión, automutilación, suicidio, abuso de drogas y alcohol, inadaptación social o afectiva, esquizofrenia y grave distorsión de la imagen de Dios, lo que merece una gran atención y responsabilidad como Iglesia.

Las consecuencias para la Iglesia van desde la incredulidad, estupefacción, desconfianza, repugnancia y una dificultad en la relación con Dios. Mencionó que, en Bolivia, lamentablemente, no reaccionamos ante esta situación y pareciera que no hemos aprendido de lo ocurrido en otros países.

Entre los errores que cometemos es pensar que las denuncias de abuso de un menor son falsas, menos del 1% lo son. Cuando hay un caso tendemos a defender a la Institución. Explicó que es importante tratar los casos con equipos multidisciplinarios que conozcan del tema. Otro error es creer que no nos pasa y que existen soluciones mágicas o circunstanciales.

Finalmente, se refirió a las responsabilidades que tiene la Iglesia tanto en materia de prevención como en materia de solución a la presencia de un abusador al interior del clero. Una constante en estas situaciones es el secreto, que va nutriendo estas dinámicas de abuso. Concluyó diciendo que es importante cambiar la cultura y hábitos que favorecen los abusos sexuales.

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