EL sábado 5 de octubre, como parte de las actividades de la Semana de la Creación de la que nuestra Institución fue parte organizadora, durante 3 horas se llevó a cabo una peregrinación por 5 estaciones diferentes en lo que se llamó “Peregrinos al cuidado de la creación. El día de los pueblos”.

En la primera estación se recordó que somos parte de un cosmos, de un todo que nos acoge y que nos da vida. Se pidió a quienes asistieron retomar contacto con los distintos elementos de la naturaleza y escribir en una hoja su nombre y el de un elemento escogido para ponerlo sobre la red que se elaboró para recordarnos el entretejido de relaciones del cual formamos parte.

En la siguiente estación el tema fue la ruptura con naturaleza. Para esto se prepararon dos espacios totalmente contrapuestos. Por un lado, el que expresaba la vida y la abundancia; por el otro, el que expresaba el descuido y la muerte de la naturaleza.

La tercera estación mostraba la ruptura con el mismo ser humano a través de la representación de un puesto de migración en el que las personas se trataban como bultos. En esta también se quiso representar lo difícil e incierto que puede ser dejar la propia tierra buscando mejores condiciones de vida. Este es un tema que también refleja la situación de los descartados.

Posteriormente, en la cuarta estación, se representó el diálogo con las distintas espiritualidades a través de un laberinto de meditación y oración, alrededor del cual se ubicaron imágenes de distintos personajes, situaciones y pueblos de la historia de la humanidad que significaron importantes luchas, formas de ver la vida y formas de vivir la espiritualidad.

Finalmente, en la quinta y última estación, se quiso representar la diversidad de los pueblos y sus distintas espiritualidades y su relación con el cosmos. Acompañados de una tarqueada, conocimos las diferentes maneras que tienen de ver algunos pueblos como Fiji, Corea, estados Unidos, Irlanda, Kenia, México y Bolivia a la naturaleza y su relación con la misma.

Fue una jornada muy enriquecedora en la que pudimos redefinirnos a nosotros mismos a través de nuestra relación con la naturaleza, los pueblos y la vida misma.